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ALEJANDRA GUZMÁN EN LA ARENA CDMX ¡ARRAZÓ!


Por Mariana Núñez/ Fotos: Camila Araujo


Hay conciertos que se sienten. Que no sólo se escuchan, ni se ven desde lejos. Hay conciertos que te atraviesan, que se te clavan en el pecho como un grito compartido con miles de personas. Lo de anoche con Alejandra Guzmán en la Arena Ciudad de México fue justo eso: una catarsis colectiva, un estallido de emoción, una noche donde cada canción fue una confesión a todo volumen.



Desde que apareció en el escenario —radiante, poderosa, con una energía que ya quisieran muchos de 20—, sabíamos que estábamos a punto de vivir algo fuera de lo común. Alejandra no vino a cumplir; vino a entregarse, a dejarnos con la piel chinita, la voz ronca de tanto cantar y el corazón latiendo más fuerte.



Su voz imponente no dejó lugar a dudas: está más vigente que nunca. Pero además, su condición física es de otro mundo. Bailó, corrió, brincó, se retorció en los versos más intensos y se movió como si cada canción le naciera en el cuerpo. Y sí, conectó con absolutamente todos los que estábamos ahí, desde la primera fila hasta los que la veían desde lo más alto de la arena.


Una montaña rusa emocional

Lo que vivimos no fue sólo un concierto, fue una montaña rusa emocional. Hubo momentos en los que nos rompió el alma con esas letras que todos llevamos tatuadas, esas que hemos gritado en alguna madrugada de despecho. “Hacer el amor con otro”, “Llama por favor”, “Yo te esperaba”… no faltó ni una.


Y justo cuando creíamos que no podíamos más, que nos iba a dejar hechos bolita emocional, nos sacudió con sus clásicos más rockeros, con esos temas que se sienten en el pecho como si fueran gritos de guerra. “Eternamente bella”, “Reina de corazones”, “Hey güera”… ¡una locura!



La gente estaba eufórica. Bailando, llorando, abrazándose, cantando a todo pulmón. Nadie se quedó callado, nadie se quedó quieto. Era como si la Guzmán nos estuviera cantando a cada uno, como si nos conociera de toda la vida.


Te invitamos a revivirla con nosotros

Y si estuviste ahí, sabes que esto no se puede contar con palabras. Hay que verlo, hay que sentirlo. Por eso, te invitamos a ver la fotogalería exclusiva que preparamos, con imágenes capturadas por Camila Araujo, que logró congelar toda la pasión y el fuego de esa noche mágica.



Gracias, Alejandra, por recordarnos que el rock también se llora, se grita, se baila y se vive con el alma abierta. Nos dejaste vibrando. Nos dejaste con ganas de más.


Nos vemos en el próximo concierto. Porque en este fin del mundo, la música es lo único que nos mantiene vivos.



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